Un dúo que nació en un bar del Gótico de Barcelona, perdió al baterista, decidió no dejar morir las canciones y terminó siendo algo que no se puede ignorar.
La primera vez que se conocieron fue en un escenario. No en un ensayo, no tomando un café para ver si había química. En un escenario, tocando, en una jam en Craft, un bar del Gótico de Barcelona donde se juntan músicos a ver qué sale. Algo pasó esa noche y los dos lo notaron. Facu en la voz y guitarra y Germán en el bajo, más Dani en batería que con el tiempo se fue a otro proyecto. Cuando se quedaron solos estuvieron cuatro meses parados. Después dijeron que no podían dejar morir las canciones y decidieron seguir. Germán se pasó a la batería porque siempre le había gustado más que el bajo, Facu se quedó en la guitarra y voz, y Bad Dog pasó a ser un dúo.
Son una banda de grunge, punk, alternativo y todo lo que suene crudo, violento y sin pulir demasiado. En algún momento pensaron en agregar un octavador para llenar el espacio sonoro que falta en un dúo. Al final dijeron que no. Lo crudo es parte de lo que son y domesticarlo hubiera sido perder lo que tienen.
El método de composición es tan honesto como el sonido. Un riff, una letra, una idea que aparece en el bar o en el día a día. No graban las jams porque lo que vale es lo que se recuerda al día siguiente. Si al otro día no te acordás, probablemente no era para tanto. «El problema de tocar a veces alcoholizado es que capaz que no te acordás lo que tocaste», dijo Facu sin ningún problema. Después aclaró que lo que queda, queda.
Cuando les preguntamos por las redes sociales la respuesta fue honesta y sin rodeos. A Germán no le gusta. Le parece una mierda que los músicos tengan que ser influencers además de músicos. Antes había alguien que hacía ese trabajo. Ahora no hay plata para eso y tampoco las ganas. Se hacen cargo igual porque no queda otra, pero lo llevan a su ritmo sin volverse locos.
Facu lo resumió con una frase que se quedó dando vueltas: «Somos gente analógica en un mundo digital.» Vinieron de una época donde te grababas el disco, lo llevabas por el barrio y lo vendías o regalabas vos mismo. Ahora subís una canción y la puede escuchar alguien en Japón pero te llega 0,0013 céntimos por stream. El alcance creció, el peso disminuyó.
También hablaron de los vinilos, de escuchar discos completos, de leer el librito, de que poner un disco era casi una ceremonia. Hay algo en esa forma de consumir música que se perdió con las plataformas y que algunos están intentando recuperar. Bad Dog todavía no tiene versión física pero el tema salió solo durante la charla y los dos quedaron pensando en que estaría bueno.
Lo que no estaba en el guion fue cuando Facu mencionó casi de pasada que había escrito una novela. Se llama «La soledad del artista» y habla de su viaje a Europa dejando una vida atrás, de lo que significa apostar al arte en otro lugar, de cómo se relaciona la soledad con el acto de crear. «Cualquier inmigrante que va en busca de su arte en otro lugar puede sentirse completamente identificado», dijo. Y después agregó, con la misma honestidad de siempre: «Hay copias por vender, hay copias por vender.»
Las letras de Bad Dog son en inglés. No por impostura sino porque Barcelona es una ciudad cosmopolita y el inglés les permite llegar a los circuitos donde quieren moverse. Componen en español y después lo pasan. No tienen ningún complejo con eso.
Cuando grabaron en ROOM Sessions tenían un show con Ladyboy programado para el 27 de noviembre en Freedonia. El disco lo estaban terminando de producir. Para abril del año siguiente calculaban que estaría saliendo.
Este fue el episodio 5 de ROOM Sessions. Un dúo que no entiende de pausas y que decidió que sus canciones valían demasiado para dejarlas morir.
ROOM Sessions BCN. Barcelona, noviembre 2025.